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jueves, 9 de abril de 2009

Con los pantalones de la India en Mount Rainier



Hay imagenes que jamas se olvidan.

1996.

Estaba ampliando estudios en la University of Washington, Seattle. Según muchos arquitectos uno de los mejores campus al otro lado del Atlántico y en mi opinión la ciudad más bonita de EE.UU., con un ambientazo insuperable. Muy pocos años antes que yo llegara a esta ciudad nació el movimiento Grunge(el nombre viene de mugre) teniendo la oportunidad de conocerlo y vivirlo en pleno auge.





Llevaba varios días en la universidad y no dejaba de mirar la montaña Rainier. Aunque estaba a 160 Km. del campus se podía ver perfectamente, como si se pudiera tocar. Era enorme, preciosa, atractiva y con una gran personalidad debido a su forma volcánica. De enamorarte a la primera.

Por la mañana cuando iba a clase la miraba. A media mañana, en el intermedio de clases, desde la fuente, mientras me tomaba mi bocadillo la observaba. Por la tarde, de camino hacia la residencia de estudiantes seguía mirándola. A todas horas.

La estampa de Mount Rainier desde la University of Washington es la seña de identidad o icono de esta institución. Es una imagen que de alguna manera forma parte de las vidas de todos los que han pasado por esta universidad y la guardan almacenada para siempre.



No entiendo que me esta pasando. Siento una gran atracción hacia esta hermosura de montaña. Llevo tres días en el campus y estoy decidido. En cuatro días, el fin de semana, voy a escalar Mount Rainier, la montaña más alta en el estado de Washington, 4394m.

Este Hunday azul metalizado automático que acabo de alquilar va francamente bien. Soy un poco inconsciente. Hace poco he escalado un 3.800, el Aneto. Con muy poca experiencia en montaña, solo y con unos crampones y un piolet recién estrenados y me lanzo a la aventura de escalar un 4.400. ¿Me pasará algo? Tranquilo Luis. Esa sensación, de incertidumbre, de no saber que pasará, que se repite muchas veces es en gran parte lo que motiva a la hora de plantearse este tipo desafíos. Sin un poco de riesgo, de inseguridad, no se disfruta, no hay aventura.




Ya he llegado a la entrada del Parque Natural de Mount Rainier. Viaje corto, de casi dos horas. Que maravilla de carretera. Impresionante. Los árboles a ambos lados de la vía son muy altos, parecen sequoias. Desde el asfalto veo cada vez más cerca Mount Rainier.

Aparco. Entro en la oficina del parque, llamada Paradise, para registrarme. Aquí, a diferencia del Aneto, es necesario registrarse para escalar la montaña. La chica que esta en la oficina me informa que necesito darle mi nombre y el de mis acompañantes. Le comento que voy solo. De forma rotunda afirma:

Then you cannot Go Up.

Por nada del mundo se me ocurriría subir solo intentare buscar a alguien que me acompañe.

Cannot Go Up

Por favor, déjame que te ponga un ejemplo. Se lo que es el riesgo, practico submarinismo (dejo para otra entrada mi debut en el puerto de Palamos a -25 metros con un regulador defectuoso y con el aire agotado en la bombona) y jamás bajaría solo a bucear. Sería una temeridad. De la misma forma que jamás subiría una montaña solo. ¿Crees que escalaría en solitario una montaña de 4.200 metros en su mayor parte con glaciar?

Bueno te registro provisionalmente. Con la condición de que informes sobre tu nombre y el de tus acompañantes al llegar a Muir, en el campamento base.




Son las 4 del medio día y debo de subir desde Paradise, a 1645m. hasta Muir, a 3072m. y a 6 horas pateando. Tengo que apresurarme, no puede perder más tiempo, o de lo contrario se me hará de noche antes de llegar al refugio del campamento base.


No me apetece nada dormir a mas de 3000 metros solo. Que raro, no me encuentro a nadie por el camino. Llevo una hora y me topo con el glaciar. Que frío tengo en las piernas. Soy la leche. Un globero pero de la montaña. A quien se le ocurre subir a la montaña con estos pantalones cortos (que puedes convertirlos en largos) de tela tan fina. ¡Si son los pantalones que lleve a la India! Unos pantalones de verano del Coronel Tapiocca.





Se me esta haciendo de noche. Que justo que voy. No pienso subir de noche, clavaré la tienda de campaña cuando se vaya la luz. Llevo más de seis horas subiendo, es de noche. Efectivamente no llego al refugio. Hay que tomárselo con filosofía y disfrutar, ha empezado el festival. Miro a mí alrededor, veo que en el lugar en el que estoy no hay riesgo de avalanchas de nieve y pincho la tienda de campaña en un espacio cerca de la nieve pero sin tocarla. Que ilusión voy a estrenar mi super saco de dormir de plumas The North Face, en la etiqueta marca hasta -35º. Mis piernas van a agradecer el calor.





He dormido muy bien, siete horas. ¿Que son esos gritos? Parece que están muy cerca. Desmonto la tienda de campaña y para arriba. A los trescientos metros veo a las personas que gritaban y un refugio. ¡Pero si es el campo base Muir! Que mala pata. He montado la tienda casi encima de la nieve, teniendo que dormir solo a más de 3000 metros y el campo base estaba a menos de diez minutos del lugar en el que dormí. Si es que no se puede ser más globero de la montaña.

Saludo a los señores que gritaban y hacían bromas fuera del refugio.



¿De donde sois?:

De San Francisco.

A los quince minutos les propongo subir

con ellos. Dave, un poco el líder del grupo de los tres integrantes, ex piloto de helicópteros en la Guerra de Vietnam, me comenta que están encantados. Me pregunta:

¿Llevas arnés?

No.

No problem, se lo pediremos prestado a alguien de los que vengan a dormir hoy al refugio.




6 de la tarde. Toca ir a dormir a las literas que hay que madrugar muchísimo por motivos de seguridad en la ascensión. 12 de la noche, me despierta Dave: Lui its time to Go Up. Mientras desayunamos Dave me comenta que no ha llegado nadie al refugio con un arnés para prestármelo. Pero al minuto me comenta que cree que tiene en la mochila una cinta blanca que me podría servir.


Este ex combatiente de Vietnam, se inventa espontáneamente y artesanalmente un arnés. Es muy espartano, muy fino, pero Dave cree que puede cumplir su función. Es de un material similar a la cuerdecita que se utiliza para hacer el nudo al envolver y empaquetar los dulces en las pastelerías pero un poco más grueso. Espero no tener que utilizarlo nunca.


Foto en la que se puede apreciar el arnés artesanal



Nos abrigamos, acabamos de ajustar los arneses, nos ponemos los crampones en las botas y para arriba. De 6 a 7 horas por delante para coronar Mount Rainier. El 70% de la ascensión es de noche y pisando el glaciar. Como me gusta ver esa hilera de las luces de los frontales por encima y por debajo de mí. Subimos a paso muy lento. Es un ritmo adecuado para el elevado perfil, por la existencia del glaciar y por la necesidad de ir coordinados ya que los cuatro vamos unidos por la misma cuerda.

Vuelvo a tener frío en las piernas, llevo los pantalones menos apropiados. Han pasado cinco horas desde que dejamos el campamento base. Esta amaneciendo. Dave exclama:

¡Mirar, mirar que vistas más espectaculares!



Es la imagen más bonita que jamás he divisado desde una montaña. Por un lado era de noche y por el otro estaba saliendo el sol. Y al mirar hacia abajo teníamos una manta de nubes que no nos permitía ver lo que teníamos debajo de nosotros. Espectacular


¿Qué me pasa? Me encuentro fatal. Estoy cansado. Que dolor de cabeza más intenso. Me cuesta respirar. Que sensación tan horrible, cada vez estoy más mareado. Tengo todos los síntomas del mal de altura Recuerdo el consejo del chico de la tienda que me vendió el saco de dormir: si no estas acostumbrado a subir a la montaña por encima de 3500 a 4000 metros es necesario permanecer dos noches en el campo base Muir para una correcta aclimatación a la altura.




Le comento a mis compañeros que me encuentro muy mal. Me indican que me detenga, tome un poco de azúcar y beba agua. Empiezo a vomitar. Pregunto cuanto tiempo queda para alcanzar la cima. Me responden: en torno a media hora. Sigo encontrándome mal, cada vez peor, pero les informo que tenemos que llegar como sea. Solo me queda media hora de sufrimiento intenso.

Son las siete de la mañana. Por fin alcanzamos la cima.

Una alegría muy condicionada por un gran malestar general. Mi cara lo dice todo. Dave nos informa enérgicamente, que debemos bajar ya que Lui se encuentra muy mal y en la medida en que vallamos bajando me iré recuperando.



Al cabo de una hora, sin haberme recuperado del todo y sin darnos cuenta nos encontramos en una situación de mucho riesgo en la que peligran nuestras vidas. Dave que iba primero del grupo se cae por un cortado de una gran pendiente. Al ir todos cogidos y unidos por la misma cuerda caemos detrás de el. Intentamos clav

ar los piolets en la nieve para parar nuestra caída pero estos no agarran bien. Demasiada nieve.

Estamos cayendo más de 100 metros y a unos 50 metros hay un precipicio. Los piolets no responden. Al final clavo mi piolet en la nieve, muy cerca del precipicio, agarrándolo con las dos manos, a lo Bjön Borj y, me quedo clavado. Medio segundo más tarde noto un tirón muy intenso en mi cintura, en el arnés, mi siguiente compañero se queda colgando de mi y así sucesivamente. El arnés artesanal de Dave funciona.

La zona donde lo pasamos tan mal

Que miedo hemos pasado.

Un español delgaducho como yo, con 59 Kg., salvándole la vida a unos tiarrones que han participado en la Guerra de Vietnam. Me encuentromejor. Parece que el refresh del susto ha acabado de despejarme.



Dave se me queda mirando con cara de Poker y me comenta:

Thancks Lui.

Gracias por tu arnés artesanal.

Al final llegamos al campamento base de Muir sanos y salvos. Menuda aventura.

Todo este rollo que os he explicado me sirve, además de para poder compartir y recordar con vosotros momentos inolvidables para tener muy presente que tengo que hacer los deberes. Tener en cuenta un consejo que me dio Jaume Terés. De cara a la Ultra Trail del Mont-Blanc a partir del mes de junio debo de hacer varias tiradas por encima de 2000 metros para no padecer el mal de altura.Estoy obligado a hacerlo.



Después de la mala experiencia de Mount Rainier he vuelto a vivir dos episodios de mal de altura

El primero se dió con casi tanta intensidad como el de Rainier y el segundo fue más light. Os podéis imaginar que de cara a mi participación en la Ultra Trail de Mont-Blanc lo que más respeto me da no son los 100Km. de distancia, tampoco los casi 6.000 de desnivel positivo, ni el tener que caminar de noche por encima de 2.500 metros con el riesgo asociado de la lluvia, el frío y el viento.





O tener que transportar durante todo el camino una mochila de 2,5Kg. Lo que realmente me preocupa es el mal de altura.

Pero no os penséis que voy a dejarme en casa los pantalones de la India, pienso llevármelos a Chamonix. Siempre me han dado suerte.

Una reflexión final: esta experiencia me sirve por un lado, para tomar consciencia de que hay que ser mucho más responsable con la alta montaña y por otro, tener muy presente que si intentara volver a escalar Mount Rainier hoy, me enfrentaría a ella con más experiencia y más cabeza.